Ideas para decorar tu mesa de Navidad

La cena de Navidad es una tradición desde hace generaciones, y el anfitrión siempre intenta que la mesa esté espectacular. No por quedar bien, sino porque es el centro de reunión familiar: la comida, las charlas largas, las risas, alguna discusión tonta y el momento en el que nadie quiere levantarse aunque ya no pueda más.

La mesa es el centro de la noche, así que tiene sentido cuidarla un poco. Ten en cuenta que muchas veces las familias se ven una vez cada varios meses, así que tener algo bonito preparado puede ser algo para recordar. Algo que diga “qué bien lo hemos pasado y qué bonito estaba todo”. Te cuento ideas sencillas, directas y fáciles de aplicar.

 

Lo primero que tienes que elegir es el mantel

El mantel es lo primero que se ve y lo que más condiciona el resto: según el color y la forma, vas a poner el resto. Yo siempre digo que aquí no hay que complicarse: un mantel liso funciona casi siempre, blanco, beige, rojo suave o incluso verde apagado. Tonos tranquilos que no te den dolor de cabeza. Si la mesa es bonita, también puedes dejarla al descubierto y usar solo un camino de mesa en el centro. Eso también queda muy bien.

Lo importante es que el mantel esté limpio, planchado y que no moleste. Parece una tontería, pero un mantel demasiado largo acaba siendo incómodo: se engancha con las piernas, se mueve todo y al final da más guerra que otra cosa. Mejor que caiga justo.

Si usas camino de mesa, deja espacio a los lados. Así, los platos se apoyan bien y todo se ve más ordenado. Al final, el mantel solo tiene que acompañar: si ya es muy llamativo, luego todo importa y la mesa se ve cargada. Mejor empezar con algo sencillo y construir desde ahí.

 

La vajilla es el elemento paso que tienes que escoger

No todo el mundo tiene una vajilla especial para Navidad, y no pasa nada. Yo no la tengo, por ejemplo, siempre uso la que uso a diario, y no pasa nada, La vajilla de diario, bien limpia y bien puesta, queda perfectamente. Yo prefiero eso antes que platos muy decorados mezclados sin sentido. Si quieres darle un toque distinto, siempre puedes añadir un plato pequeño diferente o usar servilletas de tela en un color más navideño.

Me gusta mucho mezclar, pero con lógica y que combine: por ejemplo, los platos blancos con servilletas rojas o verdes quedan genial. Si los platos ya tienen dibujo, mejor servilletas lisas. No hace falta hacer malabares, solo pensar un poco y ya está.

Los cubiertos también cuentan: ponlo alineados, limpios y colócalos bien para que la mesa se vea bien cuidada. No hace falta poner mil piezas de vajillas, solo las que se van a usar. Cuanto más fácil, mejor. La gente viene a disfrutar, no a preguntarse qué cubierto toca ahora.

 

Servilletas de tela y otros elementos

Las servilletas de tela son casi siempre un acierto. No son complicadas, se lavan y hacen que la mesa suba de nivel sin esfuerzo. Doblarlas de forma sencilla es más que suficiente: nada de formas raras ni inventos, un pliegue limpio y listo.

Si quieres añadir algo más, un lazo sencillo o una ramita encima queda muy bien. No hace falta que cada sitio sea distinto, pero sí que quede inolvidable para tus invitados. Repetir el mismo detalle en todos los platos da orden y tranquilidad visual.

Eso sí, no te pases: si cada plato parece un escaparate, la mesa se vuelve incómoda. Hay que pensar siempre en que la gente va a comer, mover platos y beber. Decorar sí, estorbar no.

 

Un centro de mesa con velas especiales que de verdad se note

Para mí, el centro de mesa es muy importante. Y en Navidad, las velas no pueden faltar. Eso sí, a mí particularmente me gustan mucho las velas especiales, con forma de flores, colores suaves y que además huelan bien. Cambian el ambiente por completo.

La luz cálida hace que todo se vea más agradable. La gente se relaja, la mesa se ve acogedora y la conversación fluye mejor. Eso sí, cuidado con el tamaño. Velas demasiado altas molestan para hablar y cortan la vista. Mejor bajitas y bien repartidas.

El olor también importa. Tiene que ser suave: nadie quiere cenar con un aroma fuerte que se mezcle con la comida. Aquí menos es más, de verdad. Un centro sencillo con unas velas bonitas y algo verde alrededor funciona muy bien.

Velas Más Roses, fábrica de velas de cera al por mayor, explican que, para decorar una mesa navideña, es mejor elegir velas decorativas con aromas ligeros y formas suaves, colocadas sin saturar el centro, para crear ambiente sin interferir en la comida ni en la conversación.

Y ya está. No hay mucho más misterio.

 

La iluminación general también cuenta

Aunque tengas velas, la luz general importa mucho. Una luz muy fuerte estropea el ambiente. Si puedes regularla, perfecto. Si no, apagar alguna lámpara y dejar otras encendidas suele funcionar muy bien.

Me gusta pensar en la mesa como un conjunto: no solo lo que está encima, sino lo que la rodea. Una música suave de fondo ayuda, pero sin pasarse. Que se pueda hablar sin levantar la voz. No hace falta poner villancicos todo el rato, seamos sinceros.

También ayuda no llenar la mesa de fuentes desde el principio. Sacarlas poco a poco hace que todo se vea más ordenado y que la mesa respire. Son pequeños gestos que se notan.

 

Juega con los colores navideños

Rojo, verde, blanco, dorado suave… funcionan, pero no todos a la vez. Elegir dos o tres y mantenerse ahí es la clave. Si mezclas demasiados, la mesa se ve cargada y pierde gracia.

A mí me gusta elegir un color principal y uno secundario. Por ejemplo, blanco y rojo, o verde y beige. Luego pequeños toques del otro color y listo. No hace falta más.

La Navidad ya tiene suficiente personalidad por sí sola. No hay que forzarla. Una mesa sencilla, con colores bien pensados, se ve mejor que una llena de cosas sin orden.

 

Pensar en la comodidad antes que en la foto

A veces se piensa más en cómo se verá la mesa que en cómo se va a usar, y eso se nota. Si todo está demasiado apretado, la gente no está cómoda.

Deja espacio entre platos, no pongas adornos gigantes y asegúrate de que todo se pueda mover sin miedo. La mesa tiene que invitar a quedarse, no a terminar rápido.

Cuando la gente está cómoda, todo funciona mejor: se come mejor, se habla más y la noche se vive muy bien casi sin darse cuenta.

 

Añade detalles pequeños

Aquí puedes divertirte un poco sin gastar casi nada:

  • Tarjetas con el nombre: escritas a mano, aunque la letra no sea perfecta. Eso le da gracia. Puedes usar cartulina, papel reciclado o incluso una hoja arrancada de una libreta bonita. Colocarlas sobre el plato o apoyadas en la copa ya cambia el conjunto.
  • Elementos naturales: piñas limpias, ramitas verdes, hojas secas que estén en buen estado. Todo eso funciona muy bien en Navidad y no cuesta nada. Puedes poner una piña pequeña en cada sitio o solo en el centro, sin recargar.
  • Cuerdas o lazos sencillos: un trozo de cuerda fina o un lazo discreto alrededor de la servilleta queda muy bien. Nada brillante ni exagerado. Algo simple que no moleste al comer.
  • Adornos pequeños: si tienes bolas pequeñas de otros años, puedes usar solo una por plato o repartirlas por la mesa. No hace falta colgarlas ni hacer cosas raras, simplemente apoyadas quedan bien.
  • Velas pequeñas repartidas: además del centro, alguna vela pequeña en los laterales da continuidad. Siempre sin pasarse y dejando espacio.
  • Posavasos distintos: si tienes algunos más bonitos, es buen momento para sacarlos. A veces estos detalles se olvidan y suman más de lo que parece.

Yo soy muy fan de usar cosas que ya hay en casa. No hace falta comprar nada nuevo, muchas veces con abrir un cajón y pensar cómo usarlo ya sirve.

Eso sí, hay que saber cuándo parar. Si hay demasiados detalles, la mesa se vuelve caótica. Es mejor que sean pocos, estén bien colocados y que no estorben. El objetivo es que la gente esté cómoda, no que tenga miedo de mover algo o de tirar nada sin querer.

 

La mejor mesa de Navidad no es la más perfecta, sino la que está llena de amor

Da igual si el mantel no combina, si falta un cubierto o si el centro de mesa no parece especial. Lo que de verdad importa es quién se sienta alrededor y cómo te sientes entre ellos.

Cuando hay ganas de estar juntos, cuando la conversación fluye y nadie tiene prisa por levantarse, todo lo demás pasa a un segundo plano. La comida sabe mejor, el tiempo se alarga y hasta los pequeños fallos se convierten en anécdotas. Decorar la mesa es una forma de cuidar, sí, pero el cuidado más importante está en el ambiente que se crea.

La Navidad va de compartir, de mirarse, de reírse y de sentirse a gusto. Si eso está, la mesa ya es perfecta, aunque no lo parezca.

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