La otra cara de los productos menstruales desechables: residuos, riesgos para la salud, molestias y alternativas

Hasta hace poco, hablar de higiene menstrual parecía reducirse a una elección bastante limitada: compresas o tampones. Se trataba de productos cotidianos que millones de personas utilizaban cada mes, pero sobre los que no siempre existía demasiada información más allá de las instrucciones básicas de uso. En los últimos años, sin embargo, la conversación ha cambiado y cada vez se presta más atención a qué contienen estos productos, cómo deben utilizarse, qué efectos pueden tener sobre la piel y qué impacto genera su consumo continuado.

Uno de los aspectos que más se ha debatido es el uso de tampones y el riesgo, poco frecuente pero potencialmente grave, del síndrome de shock tóxico, especialmente cuando no se respetan las recomendaciones de uso. También han cobrado importancia cuestiones más habituales, como la irritación, las rozaduras o la sensación de humedad que algunas personas experimentan con determinados productos. A todo ello se suma el impacto ambiental de los artículos desechables, que se utilizan durante unas horas y se convierten después en residuos.

Al mismo tiempo, han ganado presencia otras opciones que permiten gestionar la menstruación de maneras diferentes. Las copas y los discos menstruales, las bragas absorbentes y otros productos reutilizables ofrecen alternativas a quienes buscan reducir el consumo de productos de un solo uso o simplemente quieren probar una opción que se adapte mejor a sus necesidades. También existen diferencias importantes entre ellos en cuanto a comodidad, mantenimiento, capacidad de absorción y forma de utilización.

Eso no significa que exista una alternativa universalmente mejor. Lo que funciona para una persona puede resultar incómodo para otra, y factores como la cantidad de sangrado, la sensibilidad de la piel, la actividad física o las preferencias personales pueden influir mucho en la elección. Además, algunos productos requieren un periodo de adaptación y unas determinadas condiciones de higiene para utilizarlos correctamente.

Por eso, más que presentar una opción como la solución definitiva, es importante conocer qué ofrece cada una y qué aspectos conviene tener en cuenta. En este artículo repasamos los principales productos desechables, sus posibles inconvenientes y las alternativas disponibles actualmente, para entender mejor las diferencias entre ellos y poder elegir con información.

El shock tóxico: el riesgo que pocas conocían hasta que se hizo viral

Uno de los casos que más ha hecho hablar del lado oscuro de los tampones es el de la modelo estadounidense Lauren Wasser. En 2012, con 24 años, una infección derivada del uso de un tampón desencadenó un síndrome de shock tóxico tan grave que entró en coma, sufrió fallo multiorgánico y, finalmente, tuvo que ser sometida a la amputación de ambas piernas, una primero y la otra años después. Desde entonces, Wasser se ha convertido en una de las voces más visibles para concienciar sobre este riesgo, del que muchas usuarias de tampones nunca habían oído hablar hasta conocer su historia.

El síndrome de shock tóxico (SST) es, según explica la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), una complicación rara pero grave, causada por una toxina que producen ciertas bacterias y que puede provocar daño en órganos como el riñón, el corazón o el hígado, además de shock e incluso la muerte. La agencia, que regula los tampones como dispositivos médicos en Estados Unidos, recomienda conocer los signos de alarma del SST y seguir unas pautas básicas de seguridad: usar siempre la absorción más baja posible para el flujo de cada momento, cambiar el tampón con regularidad (nunca dejarlo puesto más de las horas recomendadas, ni olvidarlo) y alternar con otros métodos cuando sea posible. Conviene aclarar que el riesgo es bajo en términos estadísticos, pero el caso de Wasser demuestra que, cuando ocurre, las consecuencias pueden ser devastadoras, y que muchas usuarias desconocen por completo estos síntomas de alarma: fiebre alta repentina, erupción cutánea, vómitos, diarrea, mareo o desmayo.

Rozaduras, irritación y sensación de «no estar bien» con las compresas

El shock tóxico acapara los titulares, pero hay un malestar mucho más cotidiano y silencioso asociado a las compresas desechables: rozaduras en la zona íntima, irritación de la piel, sensación de humedad constante y, en algunos casos, reacciones alérgicas a los materiales sintéticos o a las fragancias que llevan algunos productos. La combinación de sudor, fricción y materiales poco transpirables puede generar pequeñas heridas o dermatitis, especialmente en los días de flujo abundante o en climas cálidos, un problema que muchas mujeres normalizan simplemente porque no conocen alternativas que respiren mejor sobre la piel.

El coste ambiental de usar y tirar cada mes

Más allá de la salud individual, existe otro problema que durante mucho tiempo quedó fuera de la conversación: el impacto ambiental de los productos desechables. Una persona menstruante puede llegar a usar varios miles de compresas o tampones a lo largo de su vida reproductiva, la inmensa mayoría de ellos con componentes plásticos que tardan décadas en degradarse.

Este impacto es tan significativo que la propia Unión Europea decidió intervenir. La Directiva (UE) 2019/904, relativa a la reducción del impacto de determinados productos de plástico en el medio ambiente, incluye expresamente a las compresas higiénicas, los tampones y los aplicadores de tampones entre los productos de plástico de un solo uso sujetos a medidas específicas, obligando a los fabricantes a incluir en el etiquetado advertencias sobre su impacto ambiental, la presencia de plástico en su composición y las opciones adecuadas para su eliminación. Es un reconocimiento oficial, a nivel europeo, de que estos productos forman parte del mismo problema de contaminación por plástico que las pajitas o los bastoncillos de algodón, aunque durante años se hayan tratado como un asunto aparte.

Las alternativas: un panorama mucho más amplio de lo que parece

Frente a este panorama, el abanico de alternativas ha crecido enormemente en la última década. Algunas buscan reducir el uso de productos de un solo uso, mientras que otras ofrecen una forma diferente de recoger o absorber el flujo. Repasamos las principales, con sus ventajas y sus particularidades.

Copa menstrual

Fabricada habitualmente en silicona de grado médico, la copa se introduce en la vagina y recoge el flujo en lugar de absorberlo. Puede utilizarse durante varias horas seguidas, siguiendo siempre las indicaciones del fabricante, y después se vacía, se lava y vuelve a utilizarse. Con los cuidados adecuados, puede durar varios años, por lo que reduce tanto el gasto asociado a la compra continua de productos desechables como la cantidad de residuos generados.

Uno de sus principales inconvenientes es la adaptación inicial. Colocarla y retirarla correctamente puede requerir algo de práctica, y algunas personas pueden necesitar varios ciclos hasta encontrar la posición más cómoda. Una vez superada esa fase, muchas usuarias valoran su capacidad, su discreción y la posibilidad de utilizarla durante actividades como hacer deporte o nadar.

Disco menstrual

El disco menstrual también recoge el flujo en lugar de absorberlo, pero su diseño y su colocación son diferentes a los de la copa. Se sitúa en una zona más alta de la vagina, cerca del cuello uterino, y su forma permite que quede adaptado a la anatomía. Existen modelos reutilizables y otros de un solo uso, por lo que sus características y necesidades de mantenimiento varían según el producto.

Otra particularidad es que determinados discos están diseñados para poder mantener relaciones sexuales con ellos colocados durante la menstruación. No obstante, esto depende del modelo y no debe confundirse con un método anticonceptivo. Su capacidad de recogida puede ser elevada, aunque, como ocurre con la copa, encontrar la talla y la colocación adecuadas puede requerir cierto periodo de adaptación.

Compresas y salvaslips de tela reutilizables

Son una alternativa a las compresas desechables y están fabricadas con diferentes capas de tejidos absorbentes, normalmente combinadas con una parte impermeable para evitar fugas. Se utilizan de forma similar a una compresa convencional, pero después deben lavarse y secarse antes de volver a utilizarlas. Con un cuidado adecuado, pueden durar varios años.

Una de sus principales ventajas es que permiten mantener un sistema de protección conocido para quienes prefieren no utilizar productos internos, reduciendo al mismo tiempo el consumo de artículos desechables. La sensación sobre la piel también puede resultar más agradable para algunas personas, aunque dependerá del tejido y del modelo elegido. Como contrapartida, requieren disponer de un lugar donde guardarlas temporalmente y lavarlas después de cada uso, algo que puede resultar menos práctico fuera de casa.

Bragas menstruales

Esta es, probablemente, la alternativa que más ha crecido en popularidad en los últimos años. Según explican las profesionales de Libertad Menstrual, se trata de ropa interior con capas absorbentes integradas en el propio tejido, que sustituye por completo (o complementa) a cualquier otro producto. En este sentido, las bragas menstruales son la solución perfecta para vivir el ciclo de manera cómoda, segura y sostenible, con estilos diseñados para ajustarse a todas las necesidades, de forma que resulte posible moverse con libertad y olvidarse de los productos desechables.

Una de las ventajas que más se repite entre quienes las usan es precisamente esa sensación de «no notar nada», al no depender de un producto externo que haya que colocar o retirar cada pocas horas, así como la posibilidad de combinarlas con otros métodos (como refuerzo junto a la copa menstrual, por ejemplo) en los días de mayor flujo. Al ser lavables, también suponen un ahorro considerable a medio plazo frente a la compra mensual de productos desechables.

Free bleeding (sangrado libre)

Es, sin duda, la opción menos conocida y más debatida de todas. Consiste en prescindir de cualquier producto de contención y dejar que el sangrado fluya con libertad, ya sea controlando conscientemente el suelo pélvico para liberar el flujo en momentos puntuales (por ejemplo, en el baño), o simplemente sin ningún tipo de gestión activa. Sus defensoras lo plantean como una forma de reconectar con el propio cuerpo, eliminar por completo cualquier residuo y cuestionar el tabú histórico asociado a la menstruación visible. Es, con diferencia, la práctica menos extendida y la que exige mayor adaptación logística (ropa oscura, toallas, planificación del entorno), y resulta poco compatible con la vida fuera de casa para la mayoría de las personas, pero forma parte legítima del abanico de opciones que existen hoy para relacionarse con la menstruación.

Flujo instintivo libre

Una variante más moderada del free bleeding consiste en aprender a reconocer las sensaciones corporales previas al sangrado para poder anticiparlo y dirigirlo conscientemente al baño, reduciendo así la necesidad de protección constante sin renunciar del todo a algún tipo de refuerzo, como una braga menstrual ligera, para los imprevistos.

Cómo elegir: no existe una única respuesta correcta

Ante este abanico de opciones, no hay una alternativa «mejor» de forma objetiva, sino la que mejor se adapta a cada cuerpo, cada flujo y cada estilo de vida. Algunas ideas para decidir con más criterio:

Si buscas máxima comodidad sin tener que insertar nada, las bragas menstruales o las compresas de tela son probablemente el punto de partida más sencillo.

Si priorizas la máxima duración sin cambios frecuentes, la copa o el disco menstrual ofrecen hasta 12 horas de protección en muchos casos.

Si tienes flujo abundante, combinar métodos —por ejemplo, copa más braga menstrual como refuerzo— reduce el riesgo de fugas sin necesidad de recurrir a productos desechables de alta absorción.

Si te preocupa el gasto económico a largo plazo o el impacto ambiental, cualquier opción reutilizable (copa, disco, compresas de tela o bragas menstruales) supone un ahorro considerable con el paso de los ciclos.

Si decides seguir usando tampones, conocer los signos de alerta del síndrome de shock tóxico, usar siempre la absorción adecuada a tu flujo y respetar los tiempos de cambio recomendados son medidas de seguridad básicas que conviene no pasar por alto.

Informarse para decidir, no para asustarse

El objetivo de conocer los riesgos de los productos desechables no es generar alarma, sino dar la información necesaria para elegir con criterio, algo que durante mucho tiempo no ha estado al alcance de la mayoría de las personas que menstrúan. Hoy existen más opciones que nunca, con distintos niveles de comodidad, sostenibilidad y adaptación a cada tipo de vida, y probar varias hasta encontrar la que mejor encaja con el propio cuerpo es, probablemente, el camino más razonable para vivir la menstruación con menos preocupaciones y más libertad de movimiento.

 

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