Descubriendo el turismo enológico en España

Los amantes del vino tienen en España un paraíso por descubrir. El denominado turismo enológico o enoturismo no solo consiste en la cata de caldos en una bodega; supone meterse de lleno en un mundo de viñedos, tradiciones y platos que saben a la tierra en la que se generan.

¿Qué es realmente el enoturismo?

Trata sobre viajar para vivir el vino, desde la viña hasta la copa. En nuestro país tenemos miles de bodegas abiertas al público y rutas que atraen a miles de personas cada año. No tienes que ser experto y muchas bodegas adaptan sus visitas a los principiantes, explicándote todo lo que quieras saber. Es una manera relajada para poder desconectar e ideal para esas parejas, grupos de amigos o familias que quieren algo más que ir a la playa.

Vamos a conocer algunas de las zonas principales:

Ribera del Duero: calidad y carácter

Esta zona de Castilla enamora con la robustez de sus vinos, que, como nos dicen los profesionales de Bodegas Federico, son ideales para las carnes a la brasa.

Una de las zonas clave se encuentra en Peñafiel y su castillo, que también es museo del vino. Las bodegas más afamadas son las de Vega Sicilia o las de Protos, pero no todas abren al público.

El enoturismo en esta zona puede gustar mucho a los amantes de la aventura, puesto que es posible pasear a caballo por los viñedos, realizar talleres de cata nocturna o hacer maridajes con lechazo.

Un paisaje de pinares y la inmensidad de la meseta que puede hacerte sentir como si estuvieses en una película.

La Rioja: el corazón del vino español

Sus viñedos se encargan de tapizar colinas doradas y hay poblaciones como Haro o Ezcaray donde se mezclan bodegas centenarias con buenos restaurantes. Merece la pena visitar bodegas como Marqués de Riscal y su hotel, que parece un barco plateado entre tantas vides. Se puede pasear por la bodega, ver las barricas de roble y catar un vino reserva que te cuente historias de vendimias ya pasadas.

Existen rutas a pie y en bicicleta que logran conectar varias bodegas y puedes acabar el día en una taberna de la zona. La gente suele volver porque el vino aquí es más que un producto, también es cultura.

Penedès y cava: las burbujas catalanas

Si te gusta el espumoso, una buena idea es ir al Penedés, próximo a Barcelona. Aquí la estrella es el cava, donde bodegas como Codorníu o Freixenet disponen de cuevas impresionantes. Vas a poder recorrer túneles iluminados, ver la fermentación del vino en botella y probar sus burbujas. Una buena idea para un viaje o escapada de fin de semana es combinarlo con una visita a Vilafranca del Penedés.

Galicia y Rías Baixas: sabor a norte

Los albariños son aquí los protagonistas y huelen a mar y a cítricos. Se encuentran en viñedos de laderas empinadas, clima húmedo y abundan las bodegas familiares como el Pazo de Fefiñanes. En sus visitas, lo habitual es que se incluyan percebes o navajas acompañadas de un vino que corta la salinidad.

El pueblo más conocido de la zona es Cambados, que cuenta con pazos gallegos y se pueden hacer atractivas rutas en barco por las rías. Hablamos de un enoturismo ideal si quieres algo natural.

Priorato y Toro: una apuesta por los vinos de autor

Si de verdad te gustan los vinos intensos, el Priorato catalán tiene vinos que son joyas, como los Clos Mogador. En Toro, en Zamora, también tienen unos tintos potentes. Aquí las visitas son para enoturistas curiosos, donde en sus visitas técnicas es posible aprender sobre suelos, clones de uva de añadas míticas. Se disfruta de una menor masificación.

Existen más opciones en España

Además de estos más famosos, hay otras alternativas, como el vino de Jumilla, el del Bierzo o los de Canarias. Hasta en Madrid cuentan con viñedos de la sierra, donde hay catas urbanas en las que se une el vino y la gastronomía callejera.

¿Cómo se puede organizar una escapada enológica?

Lo mejor es empezar por las Rutas de Vino oficiales. Aquí cada región dispone de su app o web. Deberás reservar la visita con la debida antelación, especialmente en fin de semana. Hay bastantes bodegas que disponen de hoteles, spa o cenas incluidas en la visita.

El maridaje y la gastronomía son complementos perfectos

Todos estamos de acuerdo en que el vino solo es bueno, pero cuando se acompaña de una buena comida, no se olvida. Tanto en La Rioja como en Ribera del Duero, la carne es maravillosa, en las Rías Baixas, el marisco o la empanada de zamburiñas mandan.

En las bodegas es bastante habitual la preparación de catas guiadas de quesos, ibéricos o postres locales. Estamos ante la excusa ideal para comer bien.

Beneficios más allá de la copa

Estamos ante un turismo que, además de divertir, sirve de apoyo a la economía rural, puesto que crea empleo en los pueblos y ayuda a preservar las tradiciones, Una forma de contribuir a la vez que se aprende más sobre sostenibilidad, puesto que muchas bodegas optan por las energías renovables o la agricultura ecológica.

Algo bastante interesante que debes saber es que es posible desconectar del estrés diario. Olvídate de correos electrónicos, aire puro, charlas en las catas y la tranquilidad que da probar un buen vino.

 Tips para los principiantes

Evita comprar todo lo que pruebes; escoge dos o tres botellas por cada añada y conserva los corchos como recuerdo. Una buena idea es tomar notas cuando realices las catas, especialmente sobre aromas, cuerpo y su maridaje. Hay que evitar los excesos; está claro que el vino invita, pero debes tomar agua entre las copas, puesto que así el paladar se mantiene limpio. No te olvides de apuntar bien los horarios, puesto que muchas bodegas cierran en las horas de la siesta.

El encanto del mundo del vino atrapa

Nuestro país se encuentra en el top mundial de este tipo de turismo, ya que se une la pasión existente por el vino con nuestra hospitalidad. Si estás buscando un plan donde se mezcla la cultura con la naturaleza y el placer, lo mejor es que cojas tu coche y te lances a descubrir lo que el enoturismo puede hacer por ti.

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